
Aunque la alquimia adopta muchas formas, en la cultura popular es citada con mayor frecuencia en historias, películas, espectáculos y juegos, como el proceso usado para transformar plomo (u otros elementos) en oro. En el plano espiritual de la alquimia, los alquimistas debían transmutar sus propias almas antes de transmutar los metales. Esto quiere decir que debían purificarse, prepararse mediante la oración y el ayuno.
Todavía recuerdo cuando era un niño y mi padre me llevaba junto a él cada viernes a San Mateo, a los ensayos. Allí disfruté y aprendí; mi única ilusión era llevar la radio cargadita de cintas de casett primero y de CDS después, para que aquel gigante de hierro se moviera por las calles del barrio en las madrugadas frías del barrio alto.
Bajo las trabajaderas estaban aquellos hombres que hoy en día ya dejaron la molía en un rincón de casa, vencida de levantás imposibles y de costeros de ensueño. Ahora son sus hijos, aquellos que fueron de la mano a los ensayos de la década de los ochenta, los que siguen la estela de aquellos grandes hombres que abrieron el camino costalero.
El otro día, esos niños decidieron convertir los lingotes de hormigón en lingotes de alimento, el frío en calor, el ensayo en obra social, el cansancio en ilusión y la tristeza en alegría.
Se fueron de San Mateo al Ayuntamiento cargaditos de razones para por primera vez en años… silenciar las bocinas, callar los gritos y desterrar las protestas… transformándolo todo en aplausos, cariño y respeto. Cosa que ningún político ha conseguido en esa zona en los últimos meses.
Y tal como llegaron se fueron, los hijos costaleros de esos padres cargadores que han demostrado que no hacen falta palcos para hacer recaudar sonrisas, ni hacer penitencia a una Catedral de piedra; con ir a unas tiendas de campaña basta, porque allí también te reconocen lo grande de ser costalero sin tener que rezar unas preces. Y es que ellos rezarón con su gesto.
Ellos abrieron la brecha; ahora serán más cuadrillas y más alimentos, benditas sean, las que hagan estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral de las mujeres de Acasa.
Benditos alquimistas de San Mateo, que lo transformaron todo el pasado viernes. ¿Qué se llevaron a San Mateo? Un ramillete de oraciones y un susurro para el Señor de las Penas y la Virgen del Desconsuelo… ”no os extrañéis si este año véis a gente nueva por aquí”.